domingo, 8 de julio de 2012

Dispositivos para una práctica docente efectiva

El hilo conductor de este ejercicio de escritura, son las prácticas docentes que realizan los estudiantes de la licenciatura en educación secundaria con especialidad en español y las herramientas o dispositivos fundamentales para efectuarla.
Para cualquier docente estar frente a un grupo de alumnos pareciera muy sencillo, para  los futuros docentes es una barrera que deben traspasar durante su formación, es un camino que implica dominar no sólo lo referente a su asignatura sino, en algunos casos, hasta el pánico escénico. Este tipo de situaciones me ha llevado a “asomarme a la realidad”[1] como lo expresa Hugo Zemelman en sus múltiples escritos; es decir, tratar de desnaturalizar aquellos hechos que ya son tan comunes, que ya no los vemos o no nos parecen importantes,  debido a esto, planteo algunas interrogantes que considero me permitirán llevar a cabo el análisis y reflexión necesario para la construcción de nuevos saberes. ¿Qué son los dispositivos?, ¿cómo ayudan a la práctica docente?, ¿Qué hacen los futuros profesores en las aulas?, ¿qué es importante para ellos cuando realizan la práctica?, ¿cómo enfrentan un grupo cuando éste tiene 45 ó 50 adolescentes?, ¿cómo pueden establecer una comunicación cuando es poco el tiempo de permanencia en las aulas?,¿qué competencias requieren?, ¿contribuimos a que los estudiantes logren el perfil de egreso deseado como futuros docentes?, ¿qué requieren para realizar una práctica efectiva?, ¿qué es una práctica efectiva?, ¿hacen uso de dispositivos para efectuarla?, ¿cuáles son?,¿Cómo docentes, contribuimos en la formación de los futuros profesores?, estas y otras interrogantes se responderán o se replantearán en el transcurso del presente escrito.
Iniciaré explicando qué son los dispositivos. Martha Souto  en su libro “Grupos y dispositivos de Formación” proporciona una amplia explicación de éstos, siendo importante señalar que la creación de dispositivo pedagógico como una construcción social obedece más a razones sociales y políticas que a teorías específicamente pedagógicas, no obstante, este concepto ha evolucionado de tal manera que en 1996 se le dio un nuevo sentido en la educación, cuando J. Beillerot planteó que el término dispositivo “…en la formación de adultos buscó nuevas formas y estrategias distintas de la enseñanza para responder a las necesidades de los adultos, centradas en saberes – hacer, respondiendo a las necesidades y demandas[2] Al considerar que se trataba de imaginar, diseñar y planear nuevas formas de trabajar se comenzó a utilizar en la formación la noción de implementación de dispositivos pedagógicos.
El dispositivo siempre va más allá, crea otra cosa y supera, transforma, cambia incrementando el marco de teoría del que proviene[3] Por tanto, los futuros docentes que hacen uso de dispositivos lograrán cumplir con la expectativas de su perfil de egreso. Lo que significa que su actuar se basa en no se quedarse con la información que el profesor les da, sino que investigan más; que su proyecto de práctica no sea tal cual lo sugiere el libro de texto, sino que se atreve a imaginar e implementar sus propias estrategias.
¿Qué hacen los futuros profesores en las aulas?
Los alumnos del Centro de Actualización del Magisterio de Iguala, saben que gran parte de su aprendizaje lo obtienen en las aulas de las escuelas secundarias, que las jornadas de observación y práctica son una oportunidad de llevar a cabo todo lo aprendido teóricamente y de fortalecer sus competencias, no obstante, se encuentran con una realidad que dista mucho del “deber ser”, ya que son pocas las instituciones que reflejan una buena organización académica, otras más las que los reciben con agrado, a pesar de  que piensan que sólo los atrasamos en su dosificación de actividades. Los futuros profesores realizan esfuerzos multiplicados al estar frente a un grupo de adolescentes, porque el maestro (a) titular del grupo le asigna un proyecto, trabajado con anterioridad o extremadamente contrario, el que, en ocasiones no trabaja por ser muy complicado o requiere de mucho esfuerzo. Esto, sin considerar que hay quienes advierten “_que quede el contenido bien explicado y la información completa, no a medias, sin olvidar esmerarte en el producto final del proyecto_”, cuando el proyecto requiere de tres a cuatro semanas, y los practicantes sólo tienen una semana para hacerlo. Entonces, ¿qué pueden aprender los practicantes de los maestros en servicio? Cuando un propósito de la visita a la escuela secundaria es que los estudiantes normalistas “…analicen los conocimientos, habilidades y actitudes que integran la competencia didáctica del maestro y sus formas de expresión en el trabajo escolar”[4].
El estar en la escuela secundaria no deja de ser importante, a pesar de que no cumpla con las expectativas de los practicantes, pues no habría punto de comparación del “deber ser” y lo que verdaderamente se “hace” en las aulas. Para algunos alumnos practicantes, la escuela secundaria es importante porque es el lugar donde algún día trabajarán, porque pueden poner en práctica sus competencias didácticas y porque la práctica le permitirá obtener una evaluación. Pero, cuando practican ¿qué es realmente importante? Lo importantes es “…que los 50 minutos de la clase se pasen volando… que todo lo planeado lo lleve a cabo…. Que no me sobre o me falte tiempo… que no se me olvide lo que estudié para mi tema…[5] Conforme  avanzan los semestres estas opiniones se van modificando “…me interesa diseñar estrategias que permitan a los alumnos de secundaria comprender y aprender el tema… proponer algunas técnicas para interactuar con todos… realizar actividades que los motiven a trabajar…[6] lo que significa que las experiencias obtenidas, el autoanálisis y la crítica de lo que hace, lo conducen a modificar sus conocimientos y a mejorar sus competencias didácticas, pues… “formar a un practicante reflexivo es ante todo formar a un profesional capaz de dominar su propia evolución”[7].
Por otra parte, otro de los problemas que enfrentan los futuros docentes, es la cantidad de alumnos que existe en los grupos de secundaria (45 ó 50 estudiantes por grupo), esto es común en las instituciones ubicadas en las zonas urbanas. Cuando los practicantes asisten a dichos grupos no les alcanza el tiempo para conocer a todos los alumnos y menos aprenderse los nombres _peor aún, cuando para los maestros son un número de lista_ surge entonces, una preocupación (y no es la de los nombres únicamente) sino cómo van a controlar a todos esos adolescentes, eufóricos, llenos de energía, con intereses y capacidades diferentes. Sin contar que por el hacinamiento, el salón no es el espacio más adecuado para trabajar. Una primera sugerencia ante esta situación es la planteada por Hans Aebli: “El primer principio consiste en conseguir la mayor información posible sobre la clase, antes de acceder a ella[8]; es decir, se hace uso de dispositivos que le permiten tener el mayor conocimiento posible de su grupo de práctica: la observación, considerada ésta como la capacidad de mirar aquello que no sólo se ve, sino también se siente. De inferir lo que no se dice pero se mira; de predecir lo que puede suceder si se detecta el factor motivacional del grupo. Pues uno de los factores principales que condicionan el aprendizaje es la motivación con que éste se afronta.
La motivación durante las prácticas docentes no debe limitarse a presentar material atractivo y novedoso, sino “El significado básico que toda situación de aprendizaje debería tener para los alumnos es el de que posibilita incrementar sus capacidades, haciéndoles más competentes, y haciendo que disfruten con el uso de las mismas. Cuando esto ocurre se dice que el alumno trabaja intrínsecamente motivado, siendo capaz de quedarse absorto en su trabajo, superando el aburrimiento y la ansiedad, buscando información espontáneamente y pidiendo ayuda si es realmente necesaria para resolver los problemas que encuentra, llegando a autorregular su proceso de aprendizaje que, de un modo u otro, llega a plantearse como el logro de un proyecto personal.”[9] Par obtener una motivación exitosa se debe estar motivado  a realizar las cosas, ya que, de esta manera se hará uso de la creatividad, y no me refiero únicamente a la que se pone en práctica a través de la elaboración de los recursos utilizados, sino a las estrategias diseñadas para trabajar un proyecto y las técnicas seleccionadas para establecer una relación con los alumnos del grupo.
Para cumplir con esto, el futuro docente de cumplir con ciertas competencias, una de ellas es realizar una práctica reflexiva pues según Perrenoud  “…la dimensión reflexiva está en el centro de todas las competencias profesionales, constituye parte de su funcionamiento y de su desarrollo”.[10] Por lo que es un dispositivo que requiere la constante concentración en el ejercicio de reflexión que se realiza a partir de lo expuesto en los diarios de trabajo, tomando en cuenta lo realizado (acción) y lo que se tiene proyectado realizar en futuras prácticas.
Pero, como formadora de docentes ¿contribuyo a que los estudiantes logren el perfil de egreso deseado y que logren considerar la reflexión parte de su identidad?
Los rasgos deseables del nuevo maestro, son las competencia que se espera tengan los futuros profesores, no obstante, considero que su contenido no es congruente en su totalidad con los planes y programas de estudio, tal es el caso del vacío disciplinar que se observa en ellos, por citar un ejemplo.
“Las competencias que definen el perfil de egreso se agrupan en cinco grandes campos: habilidades intelectuales específicas, dominio de los propósitos y contenidos de la educación secundaria, competencias didácticas, identidad profesional y ética, y capacidad de percepción y respuesta a las condiciones sociales del entorno de la escuela[11]. Estos cinco grandes campos fueron la base principal  para la elaboración del plan de estudios. Mi tarea como docente me ha llevado a analizarlos y a proponer estrategias que incluyan el desarrollo o fortalecimiento de las competencias mencionadas en estos; para ello, en la clase de O.P.D. se promueve el aprendizaje a partir del análisis de problemas y casos específicos de la escuela secundaria, considerando fundamental establecer el vínculo entre la escuela y la vida cotidiana, claro, sin olvidar el entramado teórico que nos permite el entendimiento o nos provoca la reflexión  de los sucesos.
Pero, por qué motivar la reflexión en todo momento, porque ésta se debe convertir en parte de uno mismo, es decir de la identidad del futuro profesor. Perrenoud le llama habitus. “Una práctica reflexiva supone una postura, una forma de identidad o un habitus.”[12] Esta identidad reflexiva sólo se logrará si se practica, es decir, se debe considerar como parte de la cotidianeidad del profesor; en la escuela la provocamos con interrogantes o situaciones de análisis, pero, para un profesor en servicio este debe ser su habitus, que le permitirá realizar una práctica docente efectiva.
Por último, considero que para que los futuros docentes realicen una práctica efectiva, como parte de su proceso de formación, deben de tener presente qué es una “práctica efectiva”.
Desde mi perspectiva, ésta es, crear una situación educativa que provoque un aprendizaje posible de permitirle al educado vivir en la sociedad, relacionarse con ella a través de la puesta en práctica de sus competencias. La efectividad consiste en hacer la situación interesante, atractiva, motivante, pero sobre todo significativa para los estudiantes.
Una práctica efectiva requiere de diversos dispositivos como los señalados con anterioridad; es decir, de la observación y su registro,  conocer a su grupo de práctica, planificar con creatividad la clase, diseñar las estrategias adecuadas al contexto y necesidades de los alumnos, pero sobre todo realizar una constante reflexión de lo que realiza antes, durante y después de la práctica docente. Paulo Freire, dice: “quien enseña, aprende al enseñar y quien aprende, enseña al aprender”[13]
Finalmente, así como el escritor mexicano Felipe Garrido dice leer se aprende leyendo, y escribir se aprende escribiendo. Yo cito algunas palabras con motivo a esta ponencia, haciendo un abuso excesivo del gerundio, pero justificado en la semántica de las palabras, así, pues:
Pensar se aprende pensando
Actuar, actuando.
Hacer, haciendo.
Diseñar, diseñando
Planear, planeando.
Motivar, motivando.
Analizar, analizando.
Construir, construyendo.
Crear, creando.
Reflexionar, reflexionando.
Practicar, practicando.


[1] Hugo Zemelman.
[2] Martha Souto. Grupos y dispositivos de formación. Pág.71
[3] Ibid. Pág.72
[4] Programa de Observación y Práctica Docente II. Pág. 55
[5] Expresiones tomadas de alumnos practicantes.
[6] Ibíd.
[7] Philippe Perrenoud. Desarrollar la práctica reflexiva en el oficio de enseñar. Pág. 23.
[8] Hans Aebli. Como se inicia el trabajo con una clase nueva. O.P.D. I Pág. 42
[9] J. Alonso Tapia. Motivación para el aprendizaje: la perspectiva de los alumnos. Pág. 4
[10] Philippe Perrenoud. Desarrollar la práctica reflexiva en el oficio de enseñar. Pág. 20
[11] SEP. Plan de estudios 1999. Licenciatura en Educación Secundaria. Pág.9
[12] Philippe Perrenoud. Desarrollar la práctica reflexiva en el oficio de enseñar. Pág.13
[13] Paulo Freire. El grito manso. Pág.40

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