El hilo conductor de este
ejercicio de escritura, son las prácticas docentes que realizan los estudiantes
de la licenciatura en educación secundaria con especialidad en español y las
herramientas o dispositivos fundamentales para efectuarla.
Para cualquier docente
estar frente a un grupo de alumnos pareciera muy sencillo, para los futuros docentes es una barrera que deben
traspasar durante su formación, es un camino que implica dominar no sólo lo
referente a su asignatura sino, en algunos casos, hasta el pánico escénico.
Este tipo de situaciones me ha llevado a “asomarme a la realidad” como lo
expresa Hugo Zemelman en sus múltiples escritos; es decir, tratar de
desnaturalizar aquellos hechos que ya son tan comunes, que ya no los vemos o no
nos parecen importantes, debido a esto,
planteo algunas interrogantes que considero me permitirán llevar a cabo el
análisis y reflexión necesario para la construcción de nuevos saberes. ¿Qué son
los dispositivos?, ¿cómo ayudan a la práctica docente?, ¿Qué hacen los futuros
profesores en las aulas?, ¿qué es importante para ellos cuando realizan la
práctica?, ¿cómo enfrentan un grupo cuando éste tiene 45 ó 50 adolescentes?,
¿cómo pueden establecer una comunicación cuando es poco el tiempo de
permanencia en las aulas?,¿qué competencias requieren?, ¿contribuimos a que los
estudiantes logren el perfil de egreso deseado como futuros docentes?, ¿qué
requieren para realizar una práctica efectiva?, ¿qué es una práctica efectiva?,
¿hacen uso de dispositivos para efectuarla?, ¿cuáles son?,¿Cómo docentes,
contribuimos en la formación de los futuros profesores?, estas y otras
interrogantes se responderán o se replantearán en el transcurso del presente
escrito.
Iniciaré explicando qué
son los dispositivos. Martha Souto en su
libro “Grupos y dispositivos de Formación” proporciona una amplia explicación
de éstos, siendo importante señalar que la creación de dispositivo pedagógico
como una construcción social obedece más a razones sociales y políticas que a
teorías específicamente pedagógicas, no obstante, este concepto ha evolucionado
de tal manera que en 1996 se le dio un nuevo sentido en la educación, cuando J.
Beillerot planteó que el término dispositivo “…en la formación de adultos buscó nuevas formas y estrategias distintas
de la enseñanza para responder a las necesidades de los adultos, centradas en
saberes – hacer, respondiendo a las necesidades y demandas” Al
considerar que se trataba de imaginar, diseñar y planear nuevas formas de
trabajar se comenzó a utilizar en la formación la noción de implementación de
dispositivos pedagógicos.
“El dispositivo siempre va más allá, crea otra cosa y supera,
transforma, cambia incrementando el marco de teoría del que proviene” Por
tanto, los futuros docentes que hacen uso de dispositivos lograrán cumplir con
la expectativas de su perfil de egreso. Lo que significa que su actuar se basa
en no se quedarse con la información que el profesor les da, sino que
investigan más; que su proyecto de práctica no sea tal cual lo sugiere el libro
de texto, sino que se atreve a imaginar e implementar sus propias estrategias.
¿Qué hacen los futuros
profesores en las aulas?
Los alumnos del Centro de Actualización del Magisterio
de Iguala, saben que gran parte de su aprendizaje lo obtienen en las aulas de
las escuelas secundarias, que las jornadas de observación y práctica son una
oportunidad de llevar a cabo todo lo aprendido teóricamente y de fortalecer sus
competencias, no obstante, se encuentran con una realidad que dista mucho del
“deber ser”, ya que son pocas las instituciones que reflejan una buena
organización académica, otras más las que los reciben con agrado, a pesar
de que piensan que sólo los atrasamos en
su dosificación de actividades. Los futuros profesores realizan esfuerzos
multiplicados al estar frente a un grupo de adolescentes, porque el maestro (a)
titular del grupo le asigna un proyecto, trabajado con anterioridad o
extremadamente contrario, el que, en ocasiones no trabaja por ser muy complicado
o requiere de mucho esfuerzo. Esto, sin considerar que hay quienes advierten “_que quede el contenido bien explicado y la
información completa, no a medias, sin olvidar esmerarte en el producto final
del proyecto_”, cuando el proyecto requiere de tres a cuatro semanas, y los
practicantes sólo tienen una semana para hacerlo. Entonces, ¿qué pueden
aprender los practicantes de los maestros en servicio? Cuando un propósito de
la visita a la escuela secundaria es que los estudiantes normalistas “…analicen los conocimientos, habilidades y actitudes que integran la
competencia didáctica del maestro y sus formas de expresión en el trabajo
escolar”.
El
estar en la escuela secundaria no deja de ser importante, a pesar de que no
cumpla con las expectativas de los practicantes, pues no habría punto de
comparación del “deber ser” y lo que verdaderamente se “hace” en las aulas.
Para algunos alumnos practicantes, la escuela secundaria es importante porque es
el lugar donde algún día trabajarán, porque pueden poner en práctica sus
competencias didácticas y porque la práctica le permitirá obtener una
evaluación. Pero, cuando practican ¿qué es realmente importante? Lo importantes
es “…que los 50 minutos de la clase se
pasen volando… que todo lo planeado lo lleve a cabo…. Que no me sobre o me
falte tiempo… que no se me olvide lo que estudié para mi tema…”
Conforme avanzan los semestres estas
opiniones se van modificando “…me
interesa diseñar estrategias que permitan a los alumnos de secundaria
comprender y aprender el tema… proponer algunas técnicas para interactuar con
todos… realizar actividades que los motiven a trabajar…”
lo que significa que las experiencias obtenidas, el autoanálisis y la crítica
de lo que hace, lo conducen a modificar sus conocimientos y a mejorar sus
competencias didácticas, pues… “formar a
un practicante reflexivo es ante todo formar a un profesional capaz de dominar
su propia evolución”.
Por otra parte, otro de los problemas que enfrentan
los futuros docentes, es la cantidad de alumnos que existe en los grupos de
secundaria (45 ó 50 estudiantes por grupo), esto es común en las instituciones
ubicadas en las zonas urbanas. Cuando los practicantes asisten a dichos grupos
no les alcanza el tiempo para conocer a todos los alumnos y menos aprenderse
los nombres _peor aún, cuando para los maestros son un número de lista_ surge
entonces, una preocupación (y no es la de los nombres únicamente) sino cómo van
a controlar a todos esos adolescentes, eufóricos, llenos de energía, con
intereses y capacidades diferentes. Sin contar que por el hacinamiento, el
salón no es el espacio más adecuado para trabajar. Una primera sugerencia ante
esta situación es la planteada por Hans Aebli: “El primer principio consiste en conseguir la mayor información posible
sobre la clase, antes de acceder a ella”; es
decir, se hace uso de dispositivos que le permiten tener el mayor conocimiento
posible de su grupo de práctica: la
observación, considerada ésta como la capacidad de mirar aquello que no
sólo se ve, sino también se siente. De inferir lo que no se dice pero se mira;
de predecir lo que puede suceder si se detecta el factor motivacional del
grupo. Pues uno de los factores
principales que condicionan el aprendizaje es la motivación con que éste se afronta.
La
motivación durante las prácticas docentes no debe limitarse a presentar
material atractivo y novedoso, sino “El
significado básico que toda situación de aprendizaje debería tener para los
alumnos es el de que posibilita incrementar
sus capacidades, haciéndoles más competentes, y haciendo que disfruten
con el uso de las mismas. Cuando esto ocurre se dice que el alumno trabaja
intrínsecamente motivado, siendo capaz de quedarse absorto en su trabajo,
superando el aburrimiento y la ansiedad, buscando información espontáneamente y
pidiendo ayuda si es realmente necesaria para resolver los problemas que
encuentra, llegando a autorregular su proceso de aprendizaje que, de un modo u
otro, llega a plantearse como el logro de un proyecto personal.”
Par obtener una motivación exitosa se debe estar motivado a realizar las cosas, ya que, de esta manera
se hará uso de la creatividad, y no me refiero únicamente a la que se pone en
práctica a través de la elaboración de los recursos utilizados, sino a las
estrategias diseñadas para trabajar un proyecto y las técnicas seleccionadas
para establecer una relación con los alumnos del grupo.
Para cumplir con esto, el futuro docente de cumplir
con ciertas competencias, una de ellas es realizar una práctica reflexiva pues según Perrenoud “…la
dimensión reflexiva está en el centro de todas las competencias profesionales,
constituye parte de su funcionamiento y de su desarrollo”.
Por lo que es un dispositivo que requiere la constante concentración en el
ejercicio de reflexión que se realiza a partir de lo expuesto en los diarios de
trabajo, tomando en cuenta lo realizado (acción) y lo que se tiene proyectado
realizar en futuras prácticas.
Pero, como formadora de docentes ¿contribuyo a que los
estudiantes logren el perfil de
egreso deseado y que logren considerar la reflexión parte de su identidad?
Los rasgos deseables del nuevo maestro, son las
competencia que se espera tengan los futuros profesores, no obstante, considero
que su contenido no es congruente en su totalidad con los planes y programas de
estudio, tal es el caso del vacío disciplinar que se observa en ellos, por
citar un ejemplo.
“Las competencias que
definen el perfil de egreso se agrupan en cinco grandes campos: habilidades
intelectuales específicas, dominio de los propósitos y contenidos de la
educación secundaria, competencias didácticas, identidad profesional y ética, y
capacidad de percepción y respuesta a las condiciones sociales del entorno de
la escuela”. Estos
cinco grandes campos fueron la base principal
para la elaboración del plan de estudios. Mi tarea como docente me ha
llevado a analizarlos y a proponer estrategias que incluyan el desarrollo o
fortalecimiento de las competencias mencionadas en estos; para ello, en la
clase de O.P.D. se promueve el aprendizaje a partir del análisis de problemas y
casos específicos de la escuela secundaria, considerando fundamental establecer
el vínculo entre la escuela y la vida cotidiana, claro, sin olvidar el
entramado teórico que nos permite el entendimiento o nos provoca la
reflexión de los sucesos.
Pero, por qué motivar la reflexión en todo momento,
porque ésta se debe convertir en parte de uno mismo, es decir de la identidad
del futuro profesor. Perrenoud le llama habitus.
“Una práctica reflexiva supone una postura, una forma de identidad o un
habitus.”
Esta identidad reflexiva sólo se logrará si se practica, es decir, se debe
considerar como parte de la cotidianeidad del profesor; en la escuela la
provocamos con interrogantes o situaciones de análisis, pero, para un profesor
en servicio este debe ser su habitus, que le permitirá realizar una práctica
docente efectiva.
Por último, considero que para que los futuros
docentes realicen una práctica efectiva, como parte de su proceso de formación,
deben de tener presente qué es una “práctica
efectiva”.
Desde mi perspectiva, ésta es, crear una situación
educativa que provoque un aprendizaje posible de permitirle al educado vivir en
la sociedad, relacionarse con ella a través de la puesta en práctica de sus
competencias. La efectividad consiste
en hacer la situación interesante, atractiva, motivante, pero sobre todo
significativa para los estudiantes.
Una práctica efectiva requiere de diversos
dispositivos como los señalados con anterioridad; es decir, de la observación y
su registro, conocer a su grupo de
práctica, planificar con creatividad la clase, diseñar las estrategias
adecuadas al contexto y necesidades de los alumnos, pero sobre todo realizar
una constante reflexión de lo que realiza antes, durante y después de la
práctica docente. Paulo Freire, dice: “quien enseña, aprende al enseñar y quien
aprende, enseña al aprender”
Finalmente, así como el escritor mexicano Felipe
Garrido dice leer se aprende leyendo, y escribir se aprende escribiendo. Yo
cito algunas palabras con motivo a esta ponencia, haciendo un abuso excesivo
del gerundio, pero justificado en la semántica de las palabras, así, pues:
Pensar se aprende pensando
Actuar, actuando.
Hacer, haciendo.
Diseñar, diseñando
Planear, planeando.
Motivar, motivando.
Analizar, analizando.
Construir, construyendo.
Crear, creando.
Reflexionar, reflexionando.
Practicar, practicando.